El agua que circula por el interior de la roca dolomítica de la Sierra del Chaparral, se enriquece en carbonato de calcio y magnesio. Al aflorar el agua saturada en estas sales, se puede producir un depósito de carbonato que va formando una especie de cornisa, en crecimiento a favor del flujo de agua.
Si la saturación en sales del agua es elevada, el depósito de carbonatos a la salida del agua puede producirse de modo rápido.
Es un fenómeno típico en los manantiales de macizos calizos sujetos a procesos de karstificación.